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“UNA CUALQUIERA”: Princesa Alba y María Daniela y su Sonido Lasser convierten la presión de la industria en una declaración de libertad

En una industria que cada vez le exige más a los artistas mientras día a día les dan menos, llegan canciones que sirven como manifiesto en contra de aquello de lo que los interpretes no están de acuerdo, un claro ejemplo es “UNA CUALQUIERA”, la colaboración entre Princesa Alba y María Daniela y su Sonido Lasser, la cual detrás de sus sintetizadores, su energía electropop y su apariencia juguetona crea una declaración bastante más incómoda sobre lo que la industria espera de una mujer para considerarla suficientemente atractiva, comercial o interesante.

Producida por Francisco Victoria, quien también participa en la composición junto a Princesa Alba y María Daniela, la canción se construye alrededor de una idea tan sencilla como poderosa: ¿qué pasa cuando una artista deja de escuchar todas las voces que le dicen cómo debe ser?

Desde los primeros segundos, “UNA CUALQUIERA” introduce a su antagonista. No es una persona concreta, sino una colección de instrucciones: “Si lo haces, hazlo bien”, “eso no me suena a un hit”, “si vas a TV”, “porfa duerme hasta las 10”, “que tu cara no está bien”, “las demás se ven mejor en la cámara”.

La letra no necesita explicar demasiado porque reproduce directamente el lenguaje de quienes pretenden corregir a una artista. La canción se convierte así en una sucesión de órdenes disfrazadas de consejos.

Y ahí aparece uno de sus puntos más interesantes: no basta con que una mujer tenga talento; también debe cumplir con una serie de condiciones visuales, comerciales y conductuales para poder ocupar determinado espacio dentro del entretenimiento.

La cámara se convierte en juez. El hit se convierte en obligación. La imagen se convierte en producto.

“Ponme la punta de pie / Y no llores esta vez” es particularmente revelador porque junta dos exigencias aparentemente contradictorias: performar, entretener, verse bien y, al mismo tiempo, no mostrar demasiado de aquello que pueda incomodar. La artista debe estar disponible para el espectáculo, pero nunca demasiado humana.

Después llega una de las líneas centrales de toda la canción:

“Hoy puede ser que hoy / No escuche tu voz / Y pueda ser una cualquiera”.

La frase cambia completamente de significado dentro de este contexto. “Una cualquiera” podría funcionar como insulto, pero Princesa Alba y María Daniela la transforman en una posibilidad de escape.

Ser “una cualquiera” significa dejar de ser, por un momento, la Princesa Alba que debe tener un hit, el look correcto, el cuerpo correcto, la actitud correcta y la respuesta correcta para cada entrevista. Es poder subir a un ascensor, ponerse lipstick, irse y desaparecer de todo aquello que intenta convertirla permanentemente en un personaje.

Incluso el gesto de “tomo el ascensor / lipstick y me voy” funciona como una pequeña escena de emancipación. No hay gran discurso ni explicación. Simplemente se marcha.

La segunda mitad de la canción lleva esa confrontación todavía más lejos.

“¿Por qué no haces reggaetón? / No más pop / No más pop”, seguido de “ese look no te va bien”, “no seas tan inventada” y “¿y si vuelves a ser tú?”, reúne algunas de las contradicciones más habituales alrededor de una artista pop: cambia, pero no demasiado; evoluciona, pero sin abandonar aquello que el público conoció primero; experimenta, pero mantente dentro de lo que sabemos vender.

La pregunta “¿y si vuelves a ser tú?” resulta especialmente interesante porque plantea una paradoja: ¿quién decide cuál versión de una artista es la auténtica?

La persona que empezó su carrera, la artista que existe actualmente o la versión que los demás prefieren recordar.

Y entonces Princesa Alba responde desde un lugar mucho más desafiante:

“¿Y si pongo todo en pausa? / ¿Y me quedo sola en casa?”

La respuesta que recibe es “no seas maleducada”.

Ahí está condensado el problema que atraviesa toda la canción. Incluso retirarse parece ser una falta. Incluso decir “no” puede interpretarse como una actitud incorrecta. Incluso querer desaparecer del espectáculo durante un momento tiene que ser negociado con alguien más.

Por eso el remate adquiere todavía más fuerza:

“Ni siquiera mi mamá / Me ha logrado controlar”.

La frase es casi cómica, pero funciona como declaración de principios. Si ni siquiera la autoridad más íntima de su vida puede decidir por ella, mucho menos debería hacerlo una industria que pretende indicarle qué cantar, cómo verse, qué género explorar o qué versión de sí misma debe recuperar.

Y el cierre repite la instrucción inicial: “Si lo haces, hazlo bien / Y si no, no lo hagas”.

Solo que después de todo lo que acabamos de escuchar, ya no parece una orden dirigida a la artista. Puede interpretarse como una respuesta de vuelta: si no van a aceptar quién soy, entonces no lo hagan.

El videoclip convierte la crítica en espectáculo

Pero si la letra construye la denuncia desde las palabras, el videoclip la convierte en imagen.

Dirigido por Loretta Castelletto, con dirección creativa de Esteban Vargas Roa, coreografía de Ian Harting y una producción que involucró a Ultra Estudio y una unidad realizada en Ciudad de México por Triplesiete, el video utiliza deliberadamente códigos televisivos y de entretenimiento para ponerlos patas arriba.

La televisión dentro de “UNA CUALQUIERA” no aparece como un simple escenario. Es parte del problema.

El videoclip parece recuperar ese imaginario de programas donde la mujer debía convertirse simultáneamente en objeto visual, espectáculo y mercancía: cámaras pendientes del cuerpo, instrucciones sobre cómo posar, cómo moverse, cómo lucir y cómo comportarse.

Pero aquí la lógica está exagerada hasta volverla absurda.

La cámara que tradicionalmente servía para mirar a las mujeres se convierte en un elemento que la canción cuestiona. Los códigos de sensualidad dejan de funcionar como una obligación y comienzan a sentirse como una parodia.

Y eso es fundamental: el video no necesita abandonar la estética sexy para criticar la sexualización. La utiliza, la exagera y la devuelve al espectador convertida en caricatura.

La diferencia está en quién controla el espectáculo.

Durante décadas, buena parte de la televisión construyó segmentos donde el cuerpo femenino podía convertirse en el centro del entretenimiento sin que necesariamente importara la voluntad de quien estaba frente a la cámara. “UNA CUALQUIERA” recupera esos códigos, pero los coloca dentro de un universo deliberadamente artificial, donde las propias protagonistas parecen tener conciencia de lo absurdo de esas reglas.

Es una especie de televisión dentro de la televisión, pero con el poder cambiado de manos.

Y por eso la presencia de María Daniela resulta especialmente natural. Su universo electropop siempre ha tenido una relación muy particular con la noche, el espectáculo, el exceso y la cultura pop. Aquí esa energía sirve para convertir una crítica potencialmente pesada en algo bailable, brillante y hasta divertido.

Francisco Victoria sostiene el caos

En medio de todo esto aparece Francisco Victoria como una pieza fundamental.

No solamente está detrás de la producción: también participa en la composición junto a Princesa Alba y María Daniela, convirtiendo la canción en una construcción colectiva. Y eso importa porque “UNA CUALQUIERA” necesita que música, letra y concepto visual hablen el mismo idioma.

La producción pop no intenta esconder el mensaje detrás de una canción solemne. Al contrario: lo vuelve pegajoso.

Con 126 BPM y catalogada como pop, la canción tiene una estructura diseñada para moverse, cantar y repetir.

Los “na na na” funcionan casi como una herramienta narrativa. Aparecen justo después de varias de esas exigencias externas, como si la protagonista decidiera dejar de responder.

“Eso no me suena a un hit”.

Na na na na na.

“¿Por qué no haces reggaetón?”

Na na na na na.

“Ese look no te va bien”.

Na na na na na.

Es una respuesta brillante porque se niega a discutir bajo las reglas del interlocutor.

En lugar de justificar cada decisión artística, simplemente deja de escuchar.

Y quizás ahí está la verdadera fuerza de la canción.

“UNA CUALQUIERA” no plantea que Princesa Alba y María Daniela estén buscando convertirse en algo específico. Plantea exactamente lo contrario: el derecho a no tener que convertirse en lo que alguien más decidió que deberían ser.

No reggaetón porque alguien lo pidió.
No pop porque alguien lo rechazó.
No un look porque alguien lo considera incorrecto.
No la versión antigua porque alguien extraña quién eras antes.

Simplemente ser.

Y quizá por eso el título termina siendo tan poderoso. La industria puede querer fabricar una estrella, definir una estética y convertir una carrera en un producto perfectamente empaquetado. Pero frente a eso, Princesa Alba y María Daniela responden con algo mucho más radical de lo que parece:

también existe la libertad de ser “una cualquiera”.

Una mujer que no tiene que demostrar nada durante tres minutos y medio.

Una artista que puede apagar la cámara.

Una persona que puede decir que no.

Y, sobre todo, una voz que ya no está dispuesta a escuchar instrucciones que nunca pidió.

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Hugo Gava

Creador libre de etiquetas, todologo de tiempo completo. Así como me encuentras en el cine disfrutando de una buena película me puedes encontrar en un concierto o festival de música. Haciendo historia #ALoLoco