Lo que comenzó como una coincidencia entre tres artistas que compartían gustos musicales terminó convirtiéndose en uno de los encuentros más interesantes del pop argentino reciente. Durante los descansos de las grabaciones de La Voz Argentina, Lali, Ale Sergi y Juliana Gattas descubrieron que tenían más afinidades musicales de las que imaginaban. Las primeras conversaciones dieron paso a sesiones de estudio que inicialmente buscaban dar forma a un EP de cinco canciones, pero que, entre nuevas ideas y encuentros creativos, terminaron convirtiéndose en BAILAR O MORIR, el primer álbum de BOM.
Y vaya manera de convertir una colaboración en toda una experiencia musical.
A lo largo de sus diez canciones, el proyecto explota las posibilidades del pop desde una identidad mucho más electrónica, sintética y cercana a la cultura de club. Aquí los sintetizadores, las bases rítmicas y los arreglos bailables no funcionan únicamente como acompañamiento, sino como el corazón de una propuesta que parece tener un destino bastante claro: la pista de baile.
Sin embargo, hay algo más interesante detrás de sus ritmos. Varias canciones despiertan referencias a la cultura ballroom, tanto por su energía como por esa teatralidad, actitud y libertad que atraviesan el género. Una cultura que tiene raíces profundamente vinculadas a las comunidades negras y latinas LGBTQ+, y que lamentablemente todavía suele ser estigmatizada o encasillada como una expresión exclusiva de ciertos sectores. Pero la música no debería tener fronteras por orientación sexual: conocer, disfrutar y bailar estos sonidos es algo que puede hacer cualquier persona. La cultura merece reconocimiento, no prejuicios.
En ese sentido, BOM encuentra una oportunidad para acercar ciertas sonoridades a un público más amplio, sin que eso signifique apropiarse de una cultura que tiene su propia historia y protagonistas.
Musicalmente, el álbum tiene prácticamente todo para sonar en un antro o en un club. Es de esos discos que piden escucharse con las bocinas a todo volumen, luces encendidas y una pista llena. Incluso cuando algunas canciones parecen mirar hacia la historia del pop y rendirle homenaje, existe una contradicción bastante atractiva: celebran un género que también se reinventa y rompe con sus propias convenciones a través de una producción mucho más electrónica y orientada al baile. Vivo del Pop representa especialmente ese guiño autorreferencial, mientras el resto del proyecto juega con distintas posibilidades del universo pop.
Pero reducir BAILAR O MORIR a un álbum para salir de fiesta sería quedarse con una sola parte de su historia. Entre sus ritmos también hay espacio para hablar de amor, deseo, encuentros y desencuentros. Algunas canciones incluso encuentran una atmósfera mucho más íntima, de esas que podrían acompañar un momento a solas entre dos personas. Porque sí, se puede bailar toda la noche y también encontrar una canción para dedicar, besar o simplemente dejarse llevar por alguien más.
Y es precisamente ahí donde el encuentro entre Lali y Miranda! termina de cobrar sentido. La química que ya habíamos disfrutado en colaboraciones anteriores ahora tiene diez canciones para desarrollarse, jugar y encontrar una identidad propia. Lo que antes eran pequeñas muestras de una conexión musical se convierte en una gozadera completa, donde las personalidades de sus integrantes no compiten por protagonismo, sino que se complementan.
Al final, BOM también representa el encuentro de dos generaciones unidas por algo mucho más grande que sus trayectorias individuales: la música. Por un lado, Miranda!, con una historia fundamental dentro del pop argentino; por el otro, Lali, una artista que ha construido su propio lugar como una de las figuras más representativas del pop latino actual. Tres artistas que entienden el espectáculo, la provocación y, sobre todo, el poder de una buena canción.
¿El resultado? BAILAR O MORIR es una invitación a soltar el cuerpo, olvidarse por un momento de los prejuicios y recordar que el pop no tiene por qué quedarse quieto. Es un disco para la fiesta, para el amor y para celebrar la libertad de ser quienes somos. Porque si algo deja claro este encuentro es que, cuando las generaciones se encuentran en la misma pista, la música siempre tiene algo nuevo que decir.
