Entre la música, el calor y la energía positiva que caracterizan a Nescafé Vaivén 2025, un detalle no pasó desapercibido para muchos asistentes: un enorme cartel en la entrada con un texto legal que más que informar, parecía advertir. Bajo el título “Aviso de Asunción de Riesgos y Exoneración de Responsabilidad”, el documento establecía que todo aquel que ingresara al evento asumía expresamente cualquier lesión, daño o consecuencia derivada de sus propias acciones o de terceros, y además eximía de toda responsabilidad a los organizadores, filiales y patrocinadores.
En otras palabras: si algo llegaba a salir mal, el problema sería del público.
El mensaje, firmado por Live Nation, OCESA, Sidetrack Agency y sus filiales, no sólo cubre cuestiones de seguridad física, sino también de derechos de imagen. En el mismo texto se especifica que al entrar, el asistente otorga un consentimiento gratuito e irrevocable para que su imagen, voz, acciones o declaraciones sean usadas o explotadas “en cualquier parte del mundo”, en medios digitales, audiovisuales o impresos, sin límite de tiempo ni compensación.
Aunque este tipo de cláusulas son comunes en festivales internacionales, su implementación visible y obligatoria en Vaivén —especialmente después de lo ocurrido en AXE Ceremonia, donde se registraron fallas y descontento por cuestiones logísticas— fue vista por muchos como una forma de lavarse las manos. La medida busca blindar legalmente a las productoras ante cualquier contingencia, pero lo hace trasladando toda la carga de riesgo al público.
El tono del texto, lleno de tecnicismos jurídicos y frases amplias como “según sea el caso” o “cualquier tercero que éstas designen”, refuerza la percepción de que el objetivo no es proteger al asistente, sino protegerse del asistente. En redes sociales, varios usuarios compartieron fotos del cartel acompañadas de comentarios irónicos: “Gracias por el recordatorio de que si algo pasa, es mi culpa” o “Vaivén te da flores, pero te quita derechos”.
El contraste es fuerte: mientras la experiencia del festival promueve comunidad, empatía y celebración, el mensaje legal transmite distancia, desconfianza y frialdad corporativa. En un contexto donde los festivales buscan proyectar cercanía con el público, este tipo de cláusulas evidencian una brecha creciente entre el discurso y la práctica.
Más allá de la música y las luces, Vaivén 2025 dejó una conversación abierta sobre el rumbo de la industria en México. La cultura festivalera nació de la conexión humana y la libertad compartida, pero este tipo de avisos nos recuerdan que, poco a poco, esa libertad está rodeada de letras chiquitas. Y esas letras, aunque muchos no las lean, definen hasta dónde llega realmente la responsabilidad de quienes organizan el espectáculo.
