Artículo/ Columna,Electrónica

Vonnside: entre la imperfección, la nómada electrónica y la búsqueda de la autenticidad.

Hay artistas que se forman como capas de pintura, por repetición y acumulación, hay otros que se forman por epifanías, acompañadas de diminutos choques eléctricos que van escribiendo y reescribiendo quiénes son. Vonnside pertenece a los segundos. Para él, la música electrónica y alternativa no llegó como una moda, sino como una brújula.

Su historia comienza con un álbum al que muchos – incluyéndome – llegamos tarde, pero que él abrazó desde niño: Moon Safari de Air, la cual se volvió su biblia y lo formó con la creencia de que la electrónica podía ser un abrazo suave, elegante y emocional. Después, lo acompañó Moby, Massive Attack, Telefunka de Guadalajara. Pero el verdadero punto de partida ocurrió una tarde cualquiera, en el coche de un amigo, con “El Bandido” de Nicolas Jaar de fondo. A partir de ahí, las texturas y los mundos sonoros comenzaron a ser el punto de enfoque en la música que seguiría a continuación.

Su visión de la música es filosófica, sobre todo. Para Vonnside, una canción puede enseñarte más que un año en la escuela, puede cambiarte la vida de golpe, acomodarte la cabeza, mover tus certezas. Con la convicción de que la música es un canal, una herramienta capaz de llegar tanto al corazón como al pensamiento crítico.

Su sonido habita en un punto ecléctico, pero minimalista, mexicano pero global, emocional pero práctico. Produce donde sea — cerros, carreteras, parques, McDonald’s, bibliotecas, etc. — porque al final, lo que busca es movimiento. Le gusta la historia, arquitectura, cine, arte, música de otros países, le gusta absorber todo eso y convertirlo en sonido.

Vonnside trabaja desde la imperfección, desde un sample mal cortado hasta un error que termina siendo el alma del track. Habla de Basquiat y el caos, de Tadao Andō y sus vacíos que crean espacios que impactan, pero a su vez juegan con la sencillez, de la Venus de Milo sin extremidades, pero llena de preguntas. 

Para él, una canción no es una línea recta; es una fotografía del momento.

Al hablar de sus lanzamientos y crecimiento, el reto ha sido otro. El ego, el miedo, el rechazo, la sensación de desnudez pública que viene con mostrarse en las redes sociales son lo difícil. Su desafío, como él lo menciona, está en mantener la autenticidad, hacer contenido que tenga su huella y no parezca un guion reciclado de alguien más.

Como productor independiente dentro de la escena de la música electrónica mexicana, tiene claro que la suerte juega, que la estrategia juega. Para él, nada está garantizado, sabiendo bien que el sistema es imperfecto, pero también esa imperfección genera ambición y esa ambición genera innovación.  

Su historia y música van de honestidad, de errores, de exploración. Se encuentra en construcción y quizás justamente por eso, su música se siente viva; inquieta, imperfecta, en un movimiento constante.