No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla, y luego de varios años de espera por fin llegó a México el tan esperado debut de Olivia Rodrigo con la audiencia en vivo más grande que ha tenido en su corta carrera.
Con tan solo 4 años en la escena musical, Olivia Rodrigo ha conquistado el mundo entero con sus canciones y su característico estilo en el que predominan los tonos púrpura y la diamantina creando una fan base sólida que la acompaña en cada logro desde que lanzó «drivers license» hasta «GUTS» y más.
México sin duda es uno de los públicos más exigentes y que más energía desborda en cada presentación de cada artista que decide visitar el país para cantar en vivo, nos desvivimos en corear todas y cada una de las canciones que nos han acompañado a lo largo del tiempo con tal de demostrarles a nuestros artistas favoritos lo que su música representa para nosotrxs, y por ello en gran parte de las ocasiones se le exige al artista un poco o mucho de su parte al entregar un show que equivalga a esa energía desbordada
Desde un inicio, hace más de 6 meses, se había dicho que lxs livies iban a ver a su artista fav en vivo en el ahora Estadío GNP Seguros, y lo mínimo que esperaban muchos de ellos era que trajera el show que había estado empleando durante su «GUTS World Tour», desde los cambios de vestuario, la escenografía y esa característica luna con la que volaba por los cielos, sin embargo, la producción que llegó a tierra azteca no fue ni la mitad de lo que se esperaba, dejando un sabor agridulce en el público que, dados los actuales precios de las entradas, esperaban mínimo un show que equivaliera lo que estaban pagando.
La tan esperada velada arrancó de forma puntual a las 9 de la noche, posterior a la presentación de St. Vincent, quien a pesar de no haber cantado frente al público que suele seguirla en sus presentaciones en Corona Capital, muchos de ellos expresaron su interés por seguir escuchando más de ella posteriormente. La noche arranco con todo, mientras Olivia interpretaba «obsessed» con toda la energía posible llegando al público a una euforia enorme que eclipsó al recinto en un bucle que muchos deseaban nunca terminara.
La noche transcurrió muy bien, con grandes exitos, pero no los suficientes, y algo que fue muy notorio en este show en particular fue que no hubo ni un solo cambio de vestuario, mantuvo el mismo durante la hora y media que duró el concierto.
Desde que se abrieron las puertas se pudo dar a entender que el show no iba a ser lo acordado, con un escenario al que solemos denominar «festivalero», sencillito y sin tanta magia, básico para cualquier presentación que, justamente, equivalga a un show para festival, tal y como si hubieran decidido desmontar el escenario que tuvo Shakira hace apenas unos días, para volver a poner el del Vive Latino.
Es irónico pensar que Olivia tuvo la audiencia más grande de su carrera y aún así el show no fue para ese público ni mucho menos el recinto, durando tan solo la mitad de lo que suele tener un concierto en este recinto o al menos un show que suele ser individual con cualquier artista.
¿Calidad – precio?
Desde tiempos inmemoriales se ha sabido que los artistas bajas sus precios para poder llegar a Latinoamérica, dada la diferencia monetaria que suele representar los costos de producción por acá, sin embargo es importante recordar que Taylor Swift llegó hace apenas tres años con un show de estadios y costos muy similares a este espectáculo, y no es como que la inflación hubiera aumentado tanto en este corto tiempo.
Si bien Olivia Rodrigo conquistó al público y logró lo que muy pocos al debutar directamente en un estadio mexicano, es importante recordar que México no olvida y suele ser un público demasiado rencoroso y exigente a la hora de buscar pagar un show que valga su precio en experiencia y producción.
