Hubo un tiempo en el que los Minions eran el ingrediente perfecto para complementar las aventuras de Gru. Su humor absurdo, su lenguaje incomprensible y sus apariciones medidas los convirtieron en uno de los fenómenos de la animación moderna. Sin embargo, con el paso de los años Illumination ha insistido en convertirlos en el centro de todo, y Minions & Monstruos, dirigida por Pierre Coffin, es quizá el ejemplo más claro de una franquicia que ya no sabe hacia dónde avanzar.
La película funciona como un nuevo capítulo dentro del universo de Mi Villano Favorito, ubicándose antes de algunos de los eventos principales de la saga y aprovechando otro hueco en la cronología para expandir el supuesto origen de los Minions. La historia sigue a dos nuevos integrantes de la especie amarilla que terminan involucrados en una aventura llena de criaturas clásicas del cine y referencias a los estudios Universal. Sobre el papel, la cinta busca ser una carta de amor al cine fantástico y de monstruos, además de celebrar el legado cinematográfico del estudio. En la práctica, esa intención se queda muy lejos de cumplirse.
Uno de los mayores problemas está precisamente en su obsesión por volver a reescribir el origen de los Minions. En la primera Mi Villano Favorito, un pequeño detalle al fondo de una escena sugería que Gru había sido quien los creó. Más tarde, la primera película individual de los personajes nos convenció de que eran una especie milenaria que había acompañado a los grandes villanos de la historia. Ahora llega una tercera explicación que vuelve a modificar todo lo establecido, sin preocuparse por darle coherencia a un universo que parece cambiar sus propias reglas cada vez que necesita justificar una nueva película.
Es difícil no sentir que Illumination simplemente sigue exprimiendo una marca que ya entregó todo lo que tenía por ofrecer. Hay franquicias que encuentran nuevas formas de reinventarse; esta, en cambio, parece girar en círculos mientras busca cualquier pretexto para mantener a los Minions en cartelera.
Los dos nuevos protagonistas tampoco ayudan demasiado. Aunque la película intenta venderlos como rostros frescos, en realidad terminan sintiéndose exactamente iguales a cualquier otro Minion. Cambian los nombres, algunos pequeños rasgos de personalidad y poco más. Nunca logran justificar por qué debíamos seguir su historia en lugar de cualquiera de los cientos de personajes amarillos que ya conocemos.
Paradójicamente, uno de los aspectos mejor resueltos es el doblaje. La participación de los star talents se integra de forma bastante natural. Sus interpretaciones no se sienten forzadas ni buscan convertir a las celebridades en el centro de atención. Las voces fluyen con la narrativa y funcionan como parte del elenco, en lugar de depender de quién está detrás del micrófono.
Visualmente, el concepto de rendir homenaje al cine clásico resulta atractivo, pero termina dependiendo demasiado de referencias a franquicias y propiedades intelectuales de Universal. Más que construir una verdadera carta de amor al séptimo arte, la película parece utilizar el catálogo del estudio como escaparate para acumular guiños reconocibles.
En cuanto al humor, el resultado es muy irregular. Existen algunos gags que sí consiguen arrancar una sonrisa y recuerdan por qué estos personajes llegaron a ser tan populares. Lamentablemente, esos momentos quedan enterrados bajo una cantidad exagerada de chistes relacionados con traseros y funciones corporales. El problema no es únicamente que sean repetitivos, sino que varios de ellos cruzan una línea incómoda para una película dirigida principalmente al público infantil. Resulta fácil imaginar a más de un padre teniendo que explicar situaciones que simplemente no eran necesarias para provocar una risa.
En conclusión, Minions & Monstruos intenta presentarse como un homenaje al cine, pero termina siendo otro esfuerzo por mantener viva una franquicia que hace tiempo perdió el rumbo. Reescribe nuevamente su propia mitología, introduce protagonistas prácticamente idénticos a los de siempre y apuesta por un humor que, en demasiadas ocasiones, confunde lo escatológico con lo divertido.
Sí, todavía hay algunos chistes efectivos y un doblaje que cumple con creces, pero son destellos aislados dentro de una película que evidencia el desgaste de una fórmula que ya no sorprende.
A veces también hay que saber cuándo una franquicia ya dijo todo lo que tenía que decir. Y, por favor, no más Minions en el cine.
