Aunque hoy es una de las figuras más destacadas de la ingeniería de audio y la mezcla inmersiva en México, Carolina Antón no imaginaba que su camino profesional terminaría detrás de una consola. Su historia comenzó sobre los escenarios, como baterista de jazz en distintos proyectos que navegaban entre el rock progresivo, el pop y algunos tintes de metal.
Su vida dio un giro cuando se mudó a Japón para continuar sus estudios. La distancia con México y la necesidad de conectar nuevamente con músicos y proyectos creativos la llevaron a acercarse a la ingeniería de audio, una decisión que terminaría cambiando por completo su carrera.
“Tuve que tomar una decisión muy importante entre seguir como baterista o dedicarme a la ingeniería y producción. Al final ganó la otra”.
Esa elección la ha llevado a participar en más de 300 proyectos musicales y a convertirse en una de las pioneras del audio inmersivo en el país. Recientemente, su trabajo fue reconocido por la Academia Latina de la Grabación gracias a su participación en un álbum galardonado junto al cantautor Cristian Nodal, un momento que vivió directamente durante la ceremonia.
“Fue muy emocionante enterarnos ahí mismo. Además, es uno de los primeros reconocimientos que la Academia Latina otorga a la mezcla inmersiva, así que tiene un significado muy especial”.
Su interés por las experiencias inmersivas surgió a partir de su cercanía con el mundo del cine. Al trabajar con diseñadores sonoros y mezcladores cinematográficos, descubrió las posibilidades narrativas del sonido envolvente y comenzó a preguntarse por qué esas herramientas no se utilizaban con la misma fuerza dentro de la música.
La respuesta la encontró en tecnologías como Dolby Atmos, formato del que se convirtió en una de las primeras impulsoras en México. De hecho, Gorogoró Studio, espacio donde desarrolla gran parte de sus proyectos, fue el primer estudio certificado para Dolby Atmos en el país.
“Cuando conocí el sonido surround aplicado al cine pensé que teníamos que llevar eso a la música porque la experiencia era increíble”.
Gorogoró Studio es un espacio creativo que se ha consolidado como uno de los referentes de innovación sonora en México. Desde ahí desarrolla proyectos de producción, mezcla y experiencias inmersivas para artistas de distintos géneros, apostando por tecnologías de vanguardia como Dolby Atmos. El estudio no solo destaca por su infraestructura, sino también por su visión de explorar nuevas formas de experimentar la música, combinando creatividad, tecnología y narrativa sonora para llevar cada proyecto a una dimensión más envolvente.
A lo largo de su trayectoria, Carolina ha trabajado con artistas de distintos géneros y estilos. Más allá del nombre o la popularidad de cada proyecto, asegura que lo que realmente la motiva es la posibilidad de aportar una identidad sonora propia.
“Lo más bonito es que los artistas lleguen buscando tu sello, tu forma de trabajar y de entender la música”.
Entre los proyectos que recuerda con especial cariño se encuentran los más recientes realizados junto a Cristian Nodal, donde han explorado fusiones entre sonidos rancheros, soul y elementos contemporáneos. También destaca colaboraciones que cruzan géneros aparentemente opuestos, como la canción “Misterio”, en la que convergen influencias de reggaetón y salsa.
Sin embargo, para Carolina no todo gira alrededor de los reconocimientos. Después de más de dos décadas dentro de la industria, considera que uno de los mayores retos actuales es recuperar el enfoque humano dentro de la música.
“Siento que hemos perdido un poco el contacto humano. Hay muchos egos y mucha competencia. Creo que es importante volver a pensar en el arte y en la música”.
La productora también habló sobre la necesidad de visibilizar el trabajo de las mujeres dentro de áreas técnicas como la ingeniería de audio y la producción musical, espacios donde históricamente han tenido menor representación.
“Lo importante es hacer visible que existimos. Ojalá llegue el momento en que dejemos de hablar de hombres o mujeres y hablemos solamente de talento, creatividad y música”.
Entre las anécdotas que más atesora se encuentra una de sus primeras experiencias profesionales. Cuando apenas comenzaba como asistente en eventos en vivo, llegó a un show esperando trabajar junto al ingeniero principal. Para su sorpresa, le informaron que ella sería la responsable de la mezcla.
La presión era enorme: debía encargarse tanto del sonido para el público como de los monitores para los músicos. Aquella presentación terminó convirtiéndose en su primera gran mezcla profesional, nada menos que en un concierto de Gloria Gaynor.
“Fue una sorpresa enorme, pero también una experiencia que me enseñó la importancia de estar siempre preparada”.
Para las nuevas generaciones de ingenieras y productoras de audio, Carolina deja un mensaje claro: la constancia, el profesionalismo y el trabajo colectivo siguen siendo herramientas fundamentales para abrirse camino en una industria que continúa transformándose.
“Aquí estamos y sí se puede. Hay que ser constantes, profesionales y pensar más en la colectividad que en el individualismo”.
