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Ruby Haunt: música que se siente como un lugar seguro

Hoy hablaremos de Ruby Haunt, una banda que habita un espacio emocional que se siente especial desde la primera escucha. Su música se instala con suavidad como un lugar seguro al que se puede volver una y otra vez. Para el dúo, este mundo musical nace tanto de los artistas y películas que los han marcado como de aquello que resulta íntimo y reconfortante. Componer para ellos es escribir desde un espacio de calma, construyendo canciones que acompañen y resistan el paso del tiempo sin agotarse.

Ruby Haunt lleva casi una década creando música, pero hubo un momento específico en el que el proyecto dejó de sentirse como algo exclusivamente personal. Para Wyatt fue su primera gira en Europa. Hasta entonces, gran parte del vínculo con su audiencia había existido en el plano digital, siendo casi abstracto. Pero tocar en salas llenas, viajar lejos de casa y conversar cara a cara con quienes conectaban con sus canciones hizo tangible el alcance real de su música. La imagen de no poder salir del camerino en París por la cantidad de gente esperando afuera sigue siendo, para ellos, una de esas escenas que alguna vez imaginaron al empezar, pero que nunca pensaron alcanzar. En una época saturada de estímulos y lanzamientos constantes, esa conexión humana se volvió un motor para seguir creando música.

La reacción que esperan provocar es simple: consuelo y optimismo. Victor lo resume como una forma de acompañar la contradicción constante de la vida, que puede ser intimidante y hermosa al mismo tiempo. Para ellos, hacer música siempre ha sido una manera de volver al presente, de encontrar un punto de quietud en medio del ruido.

Esa sensación de melancolía e intimidad también está profundamente ligada a su relación personal. Se conocen desde hace casi veinte años y llevan diez haciendo música juntos; esa historia les permite trabajar sin máscaras ni defensas. La confianza que se tienen mutuamente crea un entorno creativo donde la vulnerabilidad no es un riesgo, sino una base. No hay necesidad de fingir ni de protegerse; la música surge de un lugar honesto.

Fuera del estudio, la vida también se filtra en sus canciones. Wyatt atraviesa una etapa completamente nueva tras convertirse en padre el pasado julio. Entre noches sin dormir y un cansancio emocional, ha encontrado una sensibilidad distinta, una apertura inesperada hacia nueva música que antes quizás no habría tenido la paciencia de explorar. Victor, por su parte, lo dice con menos rodeos: las chicas y el desamor siguen siendo una fuente constante de inspiración.

Ellos continúan expandiendo su mundo musical sin perder su centro, con canciones que no buscan respuestas inmediatas, sino compañía y música que no grita, sino que permanece.