Artículo/ Columna

Cuando un extranjero “descubre” a los punketos de México

Hay algo particularmente interesante, pero también incómodo, en la manera en que algunas publicaciones internacionales cuentan historias sobre las subculturas mexicanas.

Recientemente, Dazed publicó un reportaje titulado “Punketo: meet the Indigenous Gen-Z punks of Mexico City”, en el que retrata a jóvenes de la escena alternativa de Ciudad de México vinculados con la música, la moda, el arte y la cultura DIY.

A primera vista, parece una historia de visibilidad. Y, en cierta medida, lo es.

El problema aparece cuando observamos desde qué lugar se construye esa visibilidad.

Llamar “indígenas” a los protagonistas no es, por sí mismo, algo ofensivo. Si una persona se identifica de esa manera, reconocer su identidad es completamente válido. Tampoco parece existir una intención explícita de menospreciarles por parte del artículo.

Pero la ausencia de una intención ofensiva no significa que una narrativa no pueda generar una perspectiva problemática.

Y aquí está el punto que creemos que vale la pena discutir.

El peligro de convertir una identidad en exotismo

Para una audiencia extranjera, presentar a estos jóvenes principalmente como “Indigenous Gen-Z punks” puede terminar construyendo una imagen incompleta de lo que significa pertenecer a una comunidad indígena en México.

México no es únicamente el país de las grandes ciudades, los festivales y la cultura pop que exportamos al mundo. También es un país donde distintas comunidades indígenas continúan enfrentándose a desigualdad, discriminación, desplazamiento, precariedad y pérdida de espacios culturales.

Por eso, cuando una publicación internacional toma esa identidad y la coloca como uno de los principales elementos de una narrativa estética, existe el riesgo de que el lector extranjero termine consumiendo una versión simplificada de una realidad mucho más compleja.

El joven indígena convertido en punketo puede terminar siendo visto como una curiosidad cultural.

Y quizá ahí está el verdadero problema.

No porque la historia sea falsa, sino porque puede quedarse corta.

México no necesita que le descubran el punk

También resulta curioso que el reportaje presente el espacio donde se desarrolla parte de esta escena bajo una especie de aura de secreto.

Si el lugar al que hace referencia es el Tianguis Cultural del Chopo, hay algo que simplemente no podemos ignorar: estamos hablando de uno de los espacios más reconocibles de la contracultura mexicana.

El Chopo lleva décadas siendo punto de encuentro para punks, rockeros, metaleros, artistas, diseñadores, vendedores independientes y jóvenes que encontraron en la cultura alternativa una manera de construir comunidad.

No estamos hablando de una escena recién descubierta.

Estamos hablando de una historia cultural que lleva generaciones escribiéndose.

Y eso cambia completamente la perspectiva.

Lo verdaderamente poderoso era contar su resistencia.

Quizá Dazed tenía una historia todavía más poderosa frente a sus cámaras.

No solamente: “estos son jóvenes indígenas que son punk”.

Sino:

“Estos son jóvenes que han encontrado en el punk una forma de resistir, crear y sentirse orgullosos de quiénes son.”

Porque ahí está la verdadera fuerza de la palabra punketo.

No es simplemente una estética.

No son únicamente pantalones intervenidos, cabello teñido, botas, maquillaje o prendas DIY.

Es una identidad que puede convertirse en una herramienta para desafiar las expectativas sociales, crear comunidad y apropiarse de espacios donde históricamente no siempre hubo lugar para ellos.

Y eso es especialmente importante cuando hablamos de jóvenes provenientes de comunidades que han tenido que defender su identidad frente a una sociedad que muchas veces ha intentado uniformarlos.

Ser punketo también puede ser decir: “esta soy yo, este soy yo, esto somos nosotros y no necesitamos pedir permiso para existir”.

El orgullo detrás de la etiqueta

Por eso, quizás la conversación no debería quedarse en si Dazed fue clasista, xenófobo o no.

Es una discusión demasiado sencilla para una historia mucho más interesante.

La pregunta debería ser:

¿Qué ocurre cuando una cultura vulnerable es presentada ante una audiencia extranjera principalmente desde su diferencia y no desde su resistencia?

Porque hay una diferencia enorme entre mostrar a una comunidad como algo exótico y mostrarla como una comunidad que ha desarrollado herramientas propias para sobrevivir, expresarse y sentirse orgullosa.

Los jóvenes retratados por Dazed no necesitan ser “descubiertos”.

Ya existen.

Ya crean.

Ya tienen historia.

Ya tienen comunidad.

Y, sobre todo, ya tienen una voz propia.

Quizá el verdadero reto para los medios internacionales no sea llegar a México y descubrir sus subculturas, sino aprender a escucharlas sin convertirlas en una postal exótica para el público extranjero.

Porque el punk mexicano no necesita ser descubierto.

Necesita ser entendido.

Y detrás de cada punketo que decide ponerse una chamarra intervenida, formar una banda, diseñar su propia ropa o simplemente ocupar un espacio donde le dijeron que no pertenecía, hay algo mucho más poderoso que una estética: hay resistencia, identidad y orgullo.

Avatar de Hugo Gava

Hugo Gava

Creador libre de etiquetas, todologo de tiempo completo. Así como me encuentras en el cine disfrutando de una buena película me puedes encontrar en un concierto o festival de música. Haciendo historia #ALoLoco