Hay algo extraño en Thistle. No porque sea una colaboración entre Skrillex, Randomer, Blawan y MC Dricka, sino porque durante gran parte de su duración cuesta encontrar rastros claros de la personalidad que convirtió a Skrillex en uno de los productores más reconocibles de la música electrónica. Más que una canción de Skrillex, Thistle se siente como una producción ajena en la que simplemente aparece acreditado.
Desde sus primeros segundos, el tema apuesta por una estética profundamente influenciada por el funk brasileño contemporáneo. Las percusiones secas, los patrones rítmicos repetitivos y la presencia de MC Dricka dominan la experiencia hasta el punto de que el ADN sonoro de Sonny Moore parece diluirse casi por completo. No es que experimentar con sonidos brasileños sea un problema. De hecho, la música electrónica actual vive uno de sus momentos más interesantes gracias a la influencia global del baile funk. El problema es que aquí la identidad de Skrillex queda enterrada bajo esa influencia.
Parte de la magia de Skrillex siempre ha sido su capacidad para apropiarse de géneros ajenos y transformarlos en algo propio. Lo hizo con el dubstep, con el house, con el UK garage e incluso con el reggaetón. En Thistle ocurre exactamente lo contrario: parece que el productor se adapta al género en lugar de moldearlo. El resultado es una canción que podría haber sido creada por decenas de productores distintos sin que nadie identificara inmediatamente la participación de Skrillex.
La estructura tampoco ayuda demasiado. Durante años, las producciones de Skrillex se caracterizaron por mantener una sensación constante de movimiento. Incluso cuando apostaba por minimalismo, siempre existía algún detalle, una textura o un giro inesperado que mantenía la atención del oyente. Aquí la canción se desarrolla sobre una idea que prácticamente no evoluciona. Lo que comienza siendo interesante termina convirtiéndose en un ejercicio repetitivo.
Esa falta de progresión genera el principal problema de Thistle: el aburrimiento. No es una canción mala ni técnicamente deficiente. Todo está producido con precisión quirúrgica, como suele ocurrir en cualquier lanzamiento asociado a Skrillex. Sin embargo, la perfección técnica no siempre se traduce en emoción. Después de varios minutos, la pista parece atrapada en un mismo estado sin ofrecer una recompensa clara para quien espera algún momento memorable.
Incluso la energía resulta sorprendentemente contenida. Estamos hablando de un artista responsable de algunos de los drops más explosivos y creativos de la electrónica moderna, pero Thistle evita deliberadamente cualquier clímax. La decisión puede ser intencional y alinearse con ciertas tendencias actuales de la música club, pero también le resta personalidad a una canción que ya lucha por diferenciarse.
Otro aspecto que juega en su contra es la enorme expectativa que existía alrededor del tema. Después de años circulando como ID en sets y grabaciones de festivales, muchos imaginaban que se trataba de una de esas joyas ocultas destinadas a convertirse en un clásico. La realidad termina siendo bastante más modesta. Una vez liberado el misterio, queda una pista competente, aunque difícilmente inolvidable.
Paradójicamente, el mayor defecto de Thistle podría ser que funciona demasiado bien dentro de su nicho. Cumple con lo que busca hacer, mantiene una estética coherente y seguramente encontrará espacio en determinados contextos de club. Pero fuera de ese entorno pierde gran parte de su impacto. Como experiencia de escucha individual, ofrece poco que invite a regresar constantemente a ella.
En conclusión, Thistle representa uno de los lanzamientos más desconcertantes de la carrera reciente de Skrillex. No porque sea experimental, sino porque rara vez se siente como una obra suya. Entre influencias brasileñas que absorben toda la atención, una estructura excesivamente plana y una ausencia casi total de momentos memorables, la canción termina dejando una sensación inesperada: la de escuchar a Skrillex sin realmente escuchar a Skrillex.
