En 2012, Maná realizaba la que sería su última presentación en la Ciudad de México en más de diez años. Ahora, una década después, regresan al centro del corazón azteca con un show muy esperado por muchos de sus fans el cual marcó el cierre de su corta, pero exitosa gira por México.
Luego de una presentación en su natal Guadalajara y otra en Monterrey, la banda liderada por Fernando Olvera regreso a Chilangoladia con una sola presentación en el imponente Foro Sol la cual además de ser de las más grandes de su carrera (más de 60 mil personas) fue la última de su tour «México Lindo y Querido» con el cual retomaron sus raíces al regresar a aquellos lugares que los vieron crecer profesionalmente luego de varios años alejados de su patria recorriendo el mundo exitosamente.
El recital empezó con más de una hora de retraso, calentando los ánimos un poco antes un Foro Sol lleno que exigía ver a la banda por la que habían pagado, que si bien podríamos decir que hicieron lo que muchos rockstars suelen hacer;el precio del boleto no era el justo como para realizar tal acción.
Pasadas las 10:20 de la noche, una pantalla gigante sirvió como representación visual de un telón para levantarse tras la aparición de Fher, quien subió por un elevador de forma sigilosa sin hacer mucho alarde siendo recibido por un público emocionado por verlo.
La noche por fin inicio con «Ángel de Amor», mientras el público cantaba con ellos al compás de la canción con una alegría y euforia que alivianaba el ambiente liberando tranquilidad, felicidad y hasta romanticismo en el aire.
Solo clásicos
Prácticamente todo su setlist eran los principales hits de la banda, temas que TODOS conocemos (no te hagas, en alguna fiesta haz llegado a cantar «Oye Mi Amor» a todo pulmón) por lo que una tras otra todas las canciones eran acompañadas por su público quienes servían como voz de acompañamiento al seguir sin falla la tonada de la canción (incluso en ocasiones mejor que el mismo Fher).
Solo se hacía el silencio en ciertos momentos cuando el interprete de «Mariposa Traicionera» se ponía a conversar con el público o con el extremadamente largo solo de batería de Alejandro «Rudo» González el cual se llevó la noche con esas percusiones que sabe liderar de una forma impresionante.
De la molestia a la alegría
Maná tenía una misión muy importante: Compensar a sus fans por una hora de retraso; y si bien parecía una misión imposible, lograron recomponer el camino haciendo cantar a la gente una canción tras otra, interactuando positivamente con todo y la falla de monitores que tuvo de repente cuando se pasaron al escenario acústico dónde invitaron a cuatro chicas del público (dos de Guerrero, una mexico-canadiense y una mexiquense) a cantar con ellos «Te lloré un río».
La energía se torno un tanto melancolica al escuchar «El Reloj Cucú», tema que Fher le dedicó a su fallecido padre, y el cual logro sacar lágrimas de los ojos de algunos asistentes quienes en varios casos justamente iban acompañados de sus padres y en algunos otros lograron hacerlos recordar a aquel acompañante de vida que hoy ya no está con ellos. Momento tan mágico que unió los corazones de todos de tal modo que se sentía como un abrazo al corazón.
Concierto para ¿Adultos?
Con toda seguridad me atrevería a decir que el 70 o incluso 80% de los asistentes era ochentero, e incluso dudo mucho que haya habido niños en el recinto, puesto que la mayoría de los que eran padres, iban acompañados con sus hijos ¡Ventiañeros! No es por ser grosero, pero ¡Ya estás viejo Fher!
Aún así, la energía de todos era mil veces más relajada que la de conciertos anteriores con el mismo nicho, como lo fue Roger Waters, en el cual la mayoría eran agresivos y se portaban de forma pedante y grosera con el staff.
Joyita de visuales
Si bien el escenario era algo relativamente sencillo, con la típica pasarela y el escenario acústico que pareciera haber puesto de moda Coldplay, los visuales hacían valer el precio del boleto desafiando los límites de la imaginación proyectando una imagen que hacía que la vista humana pensará que un elefante salia de entre la pantalla sin más que jugar con la imagen 3D de tal modo que se pudiera jugar con la oscuridad de la noche.
En conclusión, Maná revivió sus años de gloria en México con un concierto que quedará inmortalizado para la posteridad no solo en forma digital, sino también emocional en los corazones de los asistentes.